Autor Araceli Vega

PorAraceli Vega

Educar para el Éxito a tu Hijo Ahora: Responsabilidad con Disfrute

 

                   Me paso la tarde obligando a mi hijo para que haga los deberes, porque si no le obligo, no los hace

 

Los padres y madres se pasan toda la infancia y adolescencia de sus hijos pensado en cómo educarlos para que tengan éxito en el tiempo de su niñez y de su adolescencia con el fin de que se labren un futuro con éxito.

Hay campos en la vida de nuestro hijo que parecen ser los termómetros por los que los padres valoramos si se ha producido éxito o no: si todo va bien en los estudios, en las relaciones y en el comportamiento.

Y así es, lo que ocurre en estas áreas, refleja muchas de las posibilidades que tu hijo o hija tiene en el futuro de tener ese anhelado éxito.

Ahora bien ¿cuáles son las claves para conseguirlo?

Como profesora y como madre, siempre estoy pensando y decidiendo qué hacer y cómo para asegurarme de que contribuyo al éxito de mis alumnos y al de mi hija. Y es que, los padres muy especialmente y por supuesto también los profesores, pero sobre todo los padres, tenemos la capacidad de generar los resortes, las claves y las soluciones para que nuestro hijo o hija  sea capaz de sobrepasar las dificultades y los problemas para alcanzar los objetivos que deseamos para él.

 

Estoy cansada porque mi hijo nunca colabore en nada de la casa, lo hago yo todo

 

Nuestra claridad en cuáles son los valores que queremos que aprenda es el primer paso para ayudarle a conseguirlo. Y uno de estos valores fundamentales para el éxito es la responsabilidad, pero una responsabilidad acorde con su edad y con el matiz de “con disfrute”

Cuando un niño aprende a disfrutar de responsabilizarse de hacer una tarea en el hogar, por ejemplo, está creando las bases para empezar a disfrutar de hacer cada día sus deberes. Así que la responsabilidad adaptada a su edad parece que es un buen punto de partida para establecer buenos hábitos y sentido de colaboración, algo que tu hijo necesitará a lo largo de su formación y en cualquier trabajo al que acceda en el futuro.

Colaborar con pequeñas tareas en el hogar (recoger sus juguetes, colocar su ropa, comprar el pan, poner y quitar la mesa, barrer, limpiar el polvo etc.) le va a servir para sentir que su aportación es valiosa, y esto implícitamente le genera autoestima. A ello contribuye que nosotros le dejemos claro que su aportación es fundamental para el buen funcionamiento del hogar (se siente “importante”)

Organiza en tu casa las tareas de manera que te asegures de que tu hijo participa de alguna forma con alguna de ellas. Y hazle sentir la importancia de su contribución de forma natural y sencilla (por ejemplo “si tu pones la mesa, ya lo tenemos todo para comer”) porque, al sentir el valor de lo que hace, es muy natural que lo haga con disfrute.

Así que los padres en casa, con las pequeñas cosas de cada día, estamos contribuyendo a fomentar el éxito de nuestro hijo al enseñarle la responsabilidad, la autoestima o el sentido de colaboración, valores educativos que contribuyen a los mejores logros.

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PorAraceli Vega

¿Qué es el éxito en tu hijo?

Quizá cuando nos hablan de la palabra éxito nos vienen a la mente los trofeos por competiciones ganadas, medallas o premios por algún logro, así como valoraciones de diferentes clases.

Es cierto que recibir un reconocimiento es un aspecto del éxito, por supuesto que sí, porque la mayoría de las veces esa valoración es la culminación de un esfuerzo o la manifestación de un talento. El reconocimiento es una parte importante de nuestros logros, pero no es lo más fundamental para una felicidad duradera producto de una maduración interna, que es lo que buscamos los padres y madres para los hijos.

El gran psicólogo estadounidense Howard Gardner, formulador de la teoría de las inteligencias múltiples, incluye en su definición de la inteligencia el reconocimiento, cuando dice que es parte de la inteligencia que los productos creados por la persona sean considerados como útiles por los demás.

Así que dentro del éxito incluimos también esta valoración del niño con sus medallas, sus copas y sus diplomas ganados por algún logro obtenido.

Ahora bien, hoy quiero hablarte del éxito que en el fondo tú sientes que quieres para tu hijo. Cuando piensas en ello, probablemente te vengan a la mente sus buenas notas en el colegio, o el deseo de que consiga esto, o bien que en el futuro tenga una profesión con la cual pueda vivir  bien.

Pues para todo eso, tu hijo o hija tendrá que desarrollar unas capacidades, unas cualidades y talentos, y, por tu parte como padre o madre, será necesario que lo dirijas en la dirección adecuada para que obtenga estos logros.

Así que el verdadero éxito en tu hijo o hija es la construcción de sus valores, del desarrollo de sus talentos, y de la posibilidad de desplegar al máximo sus capacidades hasta donde le permitan sus posibilidades, es decir sin forzarlo.

Los padres y madres podemos trabajar para construir ese éxito interno, fomentando en nuestro hijo algunos valores que serán fundamentales para conseguirlo: como el valor de la perseverancia con motivación, o la responsabilidad con disfrute ofreciendo lo mejor de uno mismo, así como la autosuperación. Y es que establecer los mejores los pilares de su personalidad y de su carácter sobre estos resortes que le van a dar las mejores posibilidades en su vida, sin duda eso constituye el mayor éxito que podemos conseguir en la educación de nuestro hijo o hija; porque desde ahí podrá tener esa vida plena y feliz que todos los padres y madres deseamos.

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PorAraceli Vega

Complacer el capricho de tu hijo con un berrinche, refuerza su actitud manipuladora

¿Te has visto obligado alguna vez a darle a su hijo o hija lo que pedía caprichosamente por no escucharlo gritar más o porque en ese momento estás cansado y prefieres darle lo quiere antes que afrontar una discusión?

Y es que es comprensible que a veces los padres o madres cedamos en estas situaciones, porque no siempre tenemos el mismo nivel de resistencia al conflicto; ni sentimos siempre la misma capacidad para afrontar la insistencia de nuestro hijo en pedir y pedir algo que exige con un berrinche o rabieta.

Así que vamos a considerar algo importante, para los momentos de mayor insistencia de nuestro hijo y de mayor debilidad para ceder en nosotros, lo que mejor nos pueden ayudar, es saber por qué no debemos consentirlo. Tenerlo claro nos da el impulso para actuar.

Desde pequeño el niño o la niña empieza a manifestar sus deseos y no hay ningún filtro que por sí mismo pueda poner a sus deseos; el filtro de si eso es bueno o no para él, lo tenemos que poner los padres. Así que poner el límite a sus deseos es un acto de verdadero amor, porque es la forma de enseñar a tu hijo a tener discernimiento.

¿Qué ocurre si cumples un deseo expresado a través de un berrinche en un niño pequeño, o de un chantaje emocional en un niño que es mayor? Que estás reforzando esta actitud de conseguir las cosas manipulando a otros.

Los niños caprichosos no mejoran su actitud por sí mismos, lo que suele ocurrirles es que a menudo reciben el rechazo en sus relaciones en el exterior, y sufren con ello sin saber muy bien por qué son rechazados. Suelen estar perdidos en las relaciones con conflictos y dificultades, siendo incapaces de solucionar los problemas que tienen al querer imponer sus deseos.

Así que cuando tu hijo te coacciona con un berrinche o rabieta para que le des algo y tú permaneces en tu actitud de no dárselo, estás ayudándole a entender qué pedir y cómo pedirlo. A la vez le estás ayudando a esperar con ilusión y a saber relacionarse con los demás, teniendo en cuenta sus sentimientos, entre otros beneficios.

¿Qué puedes hacer ante el berrinche? Jamás pegarle, ni insultarle ni gritarle; todo esto reprime, pero no soluciona ni educa. Lo que ayudará a todo lo que hemos explicado anteriormente es decirle que ves que está llorando o enojado, pero que no le vas a dar lo que te pide. A veces se recomienda ante una rabieta no hacer caso al niño e ignorar su conducta, pero personalmente no creo que esa sea la mejor actitud; porque en un niño pequeño esa indiferencia puede llegar a generar sensación de abandono y el berrinche acaba siendo incontrolado por el niño.

La actitud más correcta que puedes mantener es la mantenerte firme de forma serena y diciéndole que ves sus sentimientos; incluso nombrarlos es algo que le ayudará a comprender mejor la necesidad de su cambio de actitud. Y seguir diciéndole que no le puedes dar lo que te está pidiendo. Tu firmeza le hará entender que es inútil continuar por esta vía.

Estos consejos y muchos más que te ayudarán a dar a tu hijo esa educación excelente que buscas, los puedes encontrar en nuestro curso “Cómo educar con límites sanos a tu hijo” Entra aquí para tener más información.

 

 

 

 

PorAraceli Vega

¿Cuál es el origen del berrinche o rabieta de tu hijo?

Entre los 2 y los 4 años los berrinches o rabietas forman parte del desarrollo del niño que está aprendiendo a gestionar sus deseos y las emociones que le surgen cuando no los cumple.

Pero ¿todos los berrinches vienen por los deseos que no han sido cumplidos? No. Algunos berrinches pueden venir de necesidades del niño o la niña que los padres no están atendiendo.

Por ejemplo, es muy tarde por la noche y estamos con unos amigos. Nuestro hijo, que hasta hace unos segundos jugaba con los hijos de nuestros amigos tranquilamente, empieza a tener un berrinche por algo sin importancia ocurrido con otro niño. Sin duda, es el momento de atender a la necesidad de dormir del niño.

O estamos en una tienda comprando ropa para nuestro hijo y, de pronto, a causa de algo sin importancia, rompe a llorar y acaba en una rabieta. Es el momento de decidir si nos quedamos para comprar la ropa o bien salimos con nuestro hijo para tratar de calmarlo. Y es que puede ocurrir que, cuando hay muchos estímulos externos, exceso de ruido, estrés por la rapidez de hacer muchas cosas en poco tiempo etc., nuestro hijo tenga este tipo de reacción.

A veces los niños se sienten sobrepasados por las condiciones del exterior y su manera de expresarlo es con esta reacción que se llama crisis sensorial. Y es diferente a lo que conocemos como un berrinche. Es preciso averiguar y atender a la necesidad del niño como pueda ser irse del lugar, como en este caso anterior. Y eso ocurre muchas veces con niños con alguna característica especial como TDH o niños con hiperactividad.

Por tanto, vemos que en situaciones como las que hemos descrito, cuando el desencadenante del berrinche es algo externo, estamos ante una crisis sensorial; y es fundamental que realmente atendamos la necesidad del niño que la mayor parte de las veces no es capaz de expresar por sí mismo (tranquilidad, comida, sueño…)

Sin embargo, cuando el berrinche se ha producido porque nuestro hijo quiere algo de forma imperativa y caprichosa, entonces es necesario poner freno a su conducta.

¿Cómo sabemos que el berrinche es una estrategia de nuestro hijo para conseguir algo? Hay algunos síntomas que lo indican: llora o grita solo dependiendo de si le miramos o no. Otra característica es que, cuando le damos lo que quiere, cesa su llanto. Es decir, hay un perfecto control de su llanto o de sus gritos hasta conseguir lo que quiere. Y en ese caso sí que es necesario ponerle un límite claro y firme.

El llanto o los gritos de nuestro hijo se van a prolongar en la media en que sienta que nos puede “convencer” con ellos, así que nuestra firmeza con afecto en decirle que no vamos a ceder, le va a disuadir más pronto de seguir en su actitud.

Puedes conocer todos los detalles acerca de las clases berrinches, cómo actuar y conseguir las mejores conductas en tu hijo con nuestro curso sobre “Cómo educar con límites sanos a tu hijo” Entra aquí para tener más información.

PorAraceli Vega

Por qué tengo que poner freno al berrinche de caprichos de mi hijo

Soportar el berrinche o rabieta de un niño supone a menudo para los padres un verdadero castigo. Y, precisamente esta insoportabilidad por la que pasan, es lo que les lleva a ceder en todos sus caprichos y deseos: se vuelven permisivos sin poner los límites necesarios con un “no” claro acompañado de respeto y firme decisión.

Porque tenemos que reconocer que es mucho más cómodo darle a un niño o niña lo que quiere, que aguantar sus gritos, llantos y reacciones para conseguir cumplir sus deseos.

Sin embargo, darle lo que quiere y ceder para no pasar por este “suplicio” del berrinche tiene un alto precio, y es que el niño va a perder el aprendizaje de saber qué es aquello mejor que le conviene, entre otros muchos beneficios.

Vamos a ir un poco más al fondo del por qué de esta reacción del berrinche en los niños pequeños para entender lo que tenemos que hacer ante él.

En torno a los 2 ó 3 años, nuestro hijo que ha sido más o menos obediente y a quien hemos dirigido con facilidad o al menos sin grandes enfrentamientos, de pronto empieza a gritar, llorar u oponerse, cuando le pedimos algo o cuando él quiere algo que no le damos.

¿Por qué ocurre eso? Porque a esa edad empieza a desarrollar una cierta autonomía y también su personalidad se va definiendo.

Empieza a querer con más fuerza e imposición lo que le gusta y lo que no; tiene capacidad de elección y empieza a elegir por encima y más allá de lo que nosotros como padre o madre opinemos. Es esa época de “lo quiero y recurro a lo que sea para conseguirlo”.

Recordemos que el cerebro del niño está en crecimiento y las partes que corresponden al razonamiento aún tardarán en acabar de desarrollarse muchos años más tarde (una vez pasada la adolescencia).

Sin embargo, su cerebro ya está preparado para recibir los límites e integrar ese aprendizaje vital de saber cómo comportarse para vivir en equilibro. Y será fundamental que empecemos a hacerlo en esta edad y continuemos poniendo esos límites en los años venideros.

¿Qué ocurre si en esa maduración de los primeros años nosotros no le ponemos freno a “lo quiero por encima de todo y lloro y grito para conseguirlo”? que el aprendizaje que hace el niño es: ”si monto un berrinche, consigo lo que quiero”. Y el aprendizaje profundo será que cumplir todos los deseos da la felicidad; pero la realidad de la vida indica que ese no es el camino para conseguir la felicidad. Esta más que demostrado que una vida que contenga felicidad, necesita del desarrollo de unos valores y capacidades o talentos, y esto va a necesitar de límites claros y sanos.

Así que, cuando le estás diciendo a tu hijo desde pequeño  “no te voy a dar más galletas ahora” o estás insistiendo en que se vaya a dormir y tomas todas la medidas necesarias para que eso sea así, tu hijo está aprendiendo lo que le conviene y lo que no. Y, por ejemplo, a la mañana siguiente, si no lo has logrado, cuando le señales el sueño que tiene por haberse dormido muy tarde, empezará a aprender la asociación de que los hechos tienen consecuencias; algo que será fundamental para relacionarse adecuadamente con otros niños e integrarse en todos los lugares a donde vaya.

Así que la próxima vez que tu hijo monte un berrinche, recuerda que es fundamental que le digas “no”, que pongas freno a su deseo o que tomes todas las medidas sensatas, respetuosas y firmes que consideres necesarias para pararlo.

En nuestro taller gratuito online “Como saber decir no a tu hijo manteniendo su autoestima y sin perjudicarlo” te ofrecemos pautas efectivas y sencillas de aplicar desde los primeros años hasta incluso la adolescencia. Puedes inscribirte gratuitamente entrando aquí

PorAraceli Vega

Mi hijo está en la preadolescencia ¿Qué puedo hacer?

A medida que nuestros hijos crecen, nos sentimos más preocupados por la etapa de la adolescencia. Incluso hoy día oímos decir algo como “es que mi hija tiene 10 años y está en la preadolescencia: me contesta mal y es rebelde”.

Algunos padres y madres están verdaderamente preocupados por el comportamiento de sus hijos que no corresponde con lo que ellos vivieron. Y es que actualmente con todas las posibilidades alimenticias que tenemos, los niños crecen más rápido, pero, sobre todo, con la cantidad de estímulos que reciben psicológicamente, avanzan mucho más deprisa que muchos de los adultos actuales en esa misma etapa. Así que no es de extrañar que una niña de 8 años quiera vestirse como una adolescente de 15 años.

Lamentarnos por la infancia perdida no parece servir de mucho, y la verdad es que nos crea frustración a nosotros y a los hijos. Así que es necesario buscar soluciones a esta posibilidad, si se presenta.

Un niño o niña, sea o no preadolescente, mantiene una inocencia que no puede ser modificada por más estímulos que reciba. Es la inocencia de la inexperiencia, y si nosotros no tratamos esto de la manera adecuada, esa inocencia se puede convertir en encaprichamiento sin control que va a causar más problemas a nuestro hijo.

Por tanto, una solución fundamental es que vamos a necesitar delimitar la conducta y las actitudes de nuestro hijo o hija con unas líneas definidas para que desarrolle las habilidades y cualidades que sabemos que va a necesitar a lo largo de su vida.   Nuestro hijo va a necesitar límites sanos que le aclaren lo que pueden o no hacer y lo que es bueno o no para él.

Si tu hija de 8 años quiere vestirse y maquillarse como una chica de 15 años, mantenlo en el hecho de que es un juego como pueda ser disfrazarse, y entonces puede realizarlo en casa y no para salir a la calle habitualmente. Casi siempre las niñas quieren maquillarse por imitación a su madre, y mientras delimites este hecho como parte del juego en casa, no tendrá mayor importancia y estará dentro de su contexto.

Lo más importante es que mantengamos esta línea educativa de dirigir y enseñar a nuestro hijo o hija a dar los pasos adecuados para aprender lo que le resulta beneficioso. En nuestro curso, “Cómo educar con límites sanos a tu hijo” te proporcionamos todos los recursos para que puedas hacerlo de forma natural y sencilla, incorporándolo a la vida cotidiana y a las necesidades que se te presenten con tu hijo o hija cada día. Podrás aprender la base educativa de  una educación de gran calidad que te va a permitir afrontar con éxito los problemas principales que puedes tener con tu hijo. Entra aquí para tener más información

PorAraceli Vega

Es necesario (y posible) poner límites al adolescente, aun cuando no los haya recibido en la infancia

En los artículos anteriores, hemos hablado de la importancia de poner límites a tu hijo en la infancia para fomentar su equilibrio en la adolescencia. Y quizá, como padre de un hijo o hija adolescente, te lamentas de no haberlo dirigido o detenido en algunas de sus conductas cuando era niño, porque ahora te parece que es imposible conseguirlo.

Tengo que decirte que no solo es posible, sino necesario hacerlo. Y olvídate de lo que no hiciste bien en el pasado, tienes este momento ahora y puedes empezar a hacerlo desde hoy mismo.

Empezar a poner límites en la adolescencia tiene una dificultad que en la infancia es menor: tardas más tiempo en conseguir resultados y tienes que tener más insistencia en tu propósito. Pero haciéndolo de la forma adecuada, se consiguen los mejores resultados.

Como profesora, yo tenía que comenzar cada curso poniendo unos límites firmes, cálidos y respetuosos, porque era la forma más adecuada y correcta de conseguir las bases para que mis alumnos aprendieran todo lo que tenía para enseñarles. Y te aseguro que no me resultaba agradable mantener esa firmeza al principio, porque sin duda para mí era más cómodo tener una relación cordial sin conflictos con mis alumnos. Pero, una vez que habíamos establecido esta base de guía firme y afectuosa, los alumnos se volcaban en mi asignatura y disfrutaban del aprendizaje.

Así te va a ocurrir con tu hijo o hija adolescente, aceptará finalmente de buen grado tus límites. No niego que cuando le pongas una hora de llegada a casa o le obligues a ordenar la ropa revuelta en su cuarto, vayas a tener más de una discusión. Sin embargo, a medida que vea tu firmeza con respeto y tu decisión de mantener esa norma, la aceptará y te puedo asegurar a largo plazo, la agradecerá.

Una compañera profesora de secundaria me contó un incidente con uno de sus alumnos adolescente. Era un buen alumno y sus padres estaban realmente implicados en la educación de su hijo. En una ocasión, la profesora, que era su tutora, y, por tanto, conocía muy bien a los padres, planteó el debate de la hora de regreso a casa los días de fiesta. Evidentemente los alumnos se quejaban en algunos casos de tener que regresar más pronto de lo que querían. Este alumno en un momento determinado, después de escuchar a sus compañeros, dijo “Mis padres no me quieren”. Y la profesora se quedó muy sorprendida, así que le preguntó la razón de por qué pensaba eso. La respuesta la dejó asombrada: “Porque yo no tengo una hora de llegada. Me dicen que soy responsable, que vuelva cuando crea conveniente y que ellos confían en mí”.

Más allá de que tu hijo o hija adolescente proteste porque le pones una hora de llegada a casa más temprana de lo que quiere, o le obligues a ordenar su ropa, en el fondo, sabe que tu límite es una forma de mostrarle tu amor; sabe que lo haces porque él o ella te importa mucho. Porque los adolescentes necesitan el mismo amor que un niño, solo que mostrado de forma diferente. Y poner límites es una forma de mostrarle tu amor.

Puedes conocer más acerca de cómo poner límites a tu hijo adolescente en nuestro curso “Cómo educar con límites sanos a tu hijo” Entra aquí para verlo

PorAraceli Vega

Unos límites sanos en la infancia crean responsabilidad en la adolescencia

Uno de los grandes problemas que afrontan los padres y las madres de los adolescentes es la falta de responsabilidad de su hijo. En las tutorías que solía hacer como profesora de secundaria con los padres, cuando había problemas con el adolescente, rara vez no hablábamos del tema de la responsabilidad en todas sus facetas. Y, sin duda, los alumnos exitosos en los estudios siempre han tenido un alto grado de responsabilidad.

Necesitamos decirle a nuestro hijo o hija desde los primeros años las cosas que puede o no puede hacer, incluso aunque haya conflicto; algo que a veces rechazan algunos padres; porque, con esta orientación, el niño puede ir aprendiendo a situarse en su entorno y se sentirá seguro y protegido.

Las plantas trepadoras necesitan de una guía para crecer adecuadamente; de la misma forma un niño necesita indicaciones firmes, claras y afectuosas para crecer con los valores que fomentan su éxito. Y la responsabilidad es uno de estos principios.

¿Qué fomenta la responsabilidad en un niño?  Conocer las consecuencias de su conducta le ayuda a desarrollarla. Cuando tu hijo o hija pega a otro niño y tú le haces entender cómo se siente el niño ante este hecho, y que esto trae como consecuencia el rechazo de los compañeros, estás enseñando a tu hijo a tomar responsabilidad sobre su conducta o su actitud.

Si aprende a tomar esa responsabilidad desde niño sobre lo que hace o dice, será más probable que siga manteniéndolo como adolescente. Incluso, aunque por cualquier circunstancia no lo haga en este periodo de cambio tan intenso como es la adolescencia, será más fácil para ti atraerlo a esta conducta cuando esto ya estaba establecido en la infancia.

En el curso “Como educar con límites sanos a tu hijo” enseñamos las claves principales para fomentar esa responsabilidad en tu hijo. Mira toda la información aquí sobre este curso

PorAraceli Vega

La buena relación con tu hijo adolescente se crea cuando aún es niño

Muchas veces pensamos en nuestro hijo o hija que aún es pequeño y miramos a la adolescencia con temor e incertidumbre. Es muy común escuchar a otros padres decir cosas como: “Espérate a que sea adolescente y verás como querrías que fuese niño” “Está en la edad del pavo y mi hija está insoportable” “Mi hijo (adolescente) no me hace ningún caso, solo hace su vida…”

     Pensar en la adolescencia para algunos padres es como pensar en un tiempo en que tendremos que armarnos de capa y escudo para protegernos de malas contestaciones, disgustos, incomunicación, encaprichamientos, irresponsabilidad etc… La lista de sinsabores y sobresaltos puede ser larga. Pero la realidad es que no tiene por qué ser así. Una buena adolescencia se gesta en una buena educación en la infancia.

¿Qué entendemos por buena adolescencia?

Entendemos un tiempo en que tu hijo o hija pasa por este periodo con todas sus características de independencia, cambios físicos y de carácter, pero manteniendo la estabilidad mental y emocional junto con el sentido común. No estamos diciendo que vaya a ser un adolescente “estatua” o como una marioneta y, de hecho, eso no sería sano. Estamos hablando de que será posible tener un diálogo fácil y fluido con él y podremos llegar a acuerdos que le beneficien. Será posible ayudarle a tomar las mejores decisiones y a establecer y aplicar en su vida principios o valores que a nosotros nos parecen importantes. Y desde ahí, nuestro hijo o hija podrá construir su vivencia de la adolescencia como un periodo para disfrutar.

     ¿Cómo es posible esto? te preguntarás. Es posible estableciendo unos límites sanos en la infancia y creando una comunicación franca y cercana con tu hijo.

Si un niño no recibe límites adecuados que le ayuden a establecer valores como la empatía, la responsabilidad, o habilidades como la gestión adecuada de sus emociones, la postergación del cumplimiento de los deseos para crear expectativa e ilusión; es decir, si no recibe unas guías beneficiosas a corto y largo plazo, es muy probable que en la adolescencia tu hijo sea rebelde, inconformista negativo e incluso depresivo. La falta de límites propiciará en él o ella una actitud y una conducta errática y complicada.

     Así que, si tu hijo es niño, este es el tiempo de establecer las bases de una buena adolescencia con unos límites que le ayuden a asentar esos rasgos de carácter que otorgan el éxito y de forma que ninguna etapa, sea adolescencia o cualquier otra, logren borrarlos.

En los próximos artículos hablaremos de cómo establecer estos rasgos del carácter en un niño y que están basados en esos valores que tú sabes que traen el éxito en la vida. Todos los padres queremos que nuestro hijo sea responsable, empático, respetuoso etc…

     Te recomiendo que veas aquí nuestro curso  “Cómo educar con límites sanos a tu hijo” donde encontrarás muchas de las soluciones a los problemas habituales que solemos tener los padres con los hijos y donde podrás saber cómo establecer estos valores a través de unos límites sanos.

 

PorAraceli Vega

Los padres quieren educar sin conflictos

Educar es un proceso de guía para tu hijo o hija. En sí misma, la palabra educar significa extraer y hacer aflorar aquello que es valioso en un niño o en un adolescente.

Como madre muchas veces me gustaría que mi hija aprendiera lo que le quiero enseñar de una manera pacífica y sin conflictos. Yo le digo lo qué hay que hacer y ella lo aprende y lo lleva a cabo fácilmente. Parece sencillo ¿verdad? pero la realidad es que no se suele producir así porque en medio de todo esto están los deseos de mi hija que a menudo chocan con lo que trato de enseñarle.

 

Y ¿qué pasa con los deseos de mi hija? que quieren ser cumplidos, y a veces chocan directamente con lo que yo pretendo enseñarle.

Mi hija está en el parque jugando y quiere prolongar el tiempo de diversión todo lo máximo posible, así que cuando le digo “Es la hora de irnos” su respuesta en palabras o en hechos es que “ahora no” Así que comenzamos la danza del conflicto: “Que nos vamos”  “Ya es la hora” “¿Cuantas veces te lo tengo que decir?” etc… y como madre reconozco que no resulta cómodo y a veces no tengo la energía para mantener esta dirección educativa, porque estoy cansada o preocupada o con mi mente en otras cosas.

Así que puedo tener algunas reacciones: una imponerme con violencia y, por tanto, gritando, otra permitir que mi hija se quede en el parque hasta que se canse y yo aguantarlo por no tener el conflicto; otra sermonearla un rato mientras ella sigue haciendo lo que quiere. Y en todas estas opciones no hay una educación verdadera de hacer aflorar lo mejor de ella. Simplemente estoy respondiendo a otros criterios que no son los de dirigirla a lo más beneficioso, es decir actúo según el momento.

 

Es importante tener claros dos puntos para darle a mi hija esa mejor educación que yo busco.

Uno que ella por naturaleza siempre va a querer hacer lo que le supone más disfrute, porque los niños por su condición quieren eso, pasárselo bien.

Y el otro punto es saber que será inevitable que surja el conflicto en la educación de mi hija. Es decir que ella quiera una cosa y yo sepa que es mejor otro para ella y en consecuencia, se produzca un choque de intereses.

 

Y aquí es donde como madre voy a tener que hacer prevalecer el beneficio de mi hija, saber qué es lo que quiero para ella, qué valores, principios y criterios de conducta o actitud le quiero enseñar. Porque si los tengo claros, en los momentos en que esté cansada, o estresada, o preocupada, me va a ser sencillo actuar de acuerdo a ellos.

 

Cuando le estoy diciendo ahora es el momento de irnos, implícitamente le estoy enseñado responsabilidad, aceptación y a esperar para tener las cosas que te gustan, lo cual crea ilusión y expectativa en ella: “mañana volveremos al parque y podrás jugar otra vez. Ahora es el momento de irnos”.

Tener claridad en estos dos puntos nos permite actuar con esa firmeza cariñosa tan necesaria en la educación.

 

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