Es necesario (y posible) poner límites al adolescente, aun cuando no los haya recibido en la infancia

PorAraceli Vega

Es necesario (y posible) poner límites al adolescente, aun cuando no los haya recibido en la infancia

En los artículos anteriores, hemos hablado de la importancia de poner límites a tu hijo en la infancia para fomentar su equilibrio en la adolescencia. Y quizá, como padre de un hijo o hija adolescente, te lamentas de no haberlo dirigido o detenido en algunas de sus conductas cuando era niño, porque ahora te parece que es imposible conseguirlo.

Tengo que decirte que no solo es posible, sino necesario hacerlo. Y olvídate de lo que no hiciste bien en el pasado, tienes este momento ahora y puedes empezar a hacerlo desde hoy mismo.

Empezar a poner límites en la adolescencia tiene una dificultad que en la infancia es menor: tardas más tiempo en conseguir resultados y tienes que tener más insistencia en tu propósito. Pero haciéndolo de la forma adecuada, se consiguen los mejores resultados.

Como profesora, yo tenía que comenzar cada curso poniendo unos límites firmes, cálidos y respetuosos, porque era la forma más adecuada y correcta de conseguir las bases para que mis alumnos aprendieran todo lo que tenía para enseñarles. Y te aseguro que no me resultaba agradable mantener esa firmeza al principio, porque sin duda para mí era más cómodo tener una relación cordial sin conflictos con mis alumnos. Pero, una vez que habíamos establecido esta base de guía firme y afectuosa, los alumnos se volcaban en mi asignatura y disfrutaban del aprendizaje.

Así te va a ocurrir con tu hijo o hija adolescente, aceptará finalmente de buen grado tus límites. No niego que cuando le pongas una hora de llegada a casa o le obligues a ordenar la ropa revuelta en su cuarto, vayas a tener más de una discusión. Sin embargo, a medida que vea tu firmeza con respeto y tu decisión de mantener esa norma, la aceptará y te puedo asegurar a largo plazo, la agradecerá.

Una compañera profesora de secundaria me contó un incidente con uno de sus alumnos adolescente. Era un buen alumno y sus padres estaban realmente implicados en la educación de su hijo. En una ocasión, la profesora, que era su tutora, y, por tanto, conocía muy bien a los padres, planteó el debate de la hora de regreso a casa los días de fiesta. Evidentemente los alumnos se quejaban en algunos casos de tener que regresar más pronto de lo que querían. Este alumno en un momento determinado, después de escuchar a sus compañeros, dijo “Mis padres no me quieren”. Y la profesora se quedó muy sorprendida, así que le preguntó la razón de por qué pensaba eso. La respuesta la dejó asombrada: “Porque yo no tengo una hora de llegada. Me dicen que soy responsable, que vuelva cuando crea conveniente y que ellos confían en mí”.

Más allá de que tu hijo o hija adolescente proteste porque le pones una hora de llegada a casa más temprana de lo que quiere, o le obligues a ordenar su ropa, en el fondo, sabe que tu límite es una forma de mostrarle tu amor; sabe que lo haces porque él o ella te importa mucho. Porque los adolescentes necesitan el mismo amor que un niño, solo que mostrado de forma diferente. Y poner límites es una forma de mostrarle tu amor.

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