Por qué tengo que poner freno al berrinche de caprichos de mi hijo

PorAraceli Vega

Por qué tengo que poner freno al berrinche de caprichos de mi hijo

Soportar el berrinche o rabieta de un niño supone a menudo para los padres un verdadero castigo. Y, precisamente esta insoportabilidad por la que pasan, es lo que les lleva a ceder en todos sus caprichos y deseos: se vuelven permisivos sin poner los límites necesarios con un “no” claro acompañado de respeto y firme decisión.

Porque tenemos que reconocer que es mucho más cómodo darle a un niño o niña lo que quiere, que aguantar sus gritos, llantos y reacciones para conseguir cumplir sus deseos.

Sin embargo, darle lo que quiere y ceder para no pasar por este “suplicio” del berrinche tiene un alto precio, y es que el niño va a perder el aprendizaje de saber qué es aquello mejor que le conviene, entre otros muchos beneficios.

Vamos a ir un poco más al fondo del por qué de esta reacción del berrinche en los niños pequeños para entender lo que tenemos que hacer ante él.

En torno a los 2 ó 3 años, nuestro hijo que ha sido más o menos obediente y a quien hemos dirigido con facilidad o al menos sin grandes enfrentamientos, de pronto empieza a gritar, llorar u oponerse, cuando le pedimos algo o cuando él quiere algo que no le damos.

¿Por qué ocurre eso? Porque a esa edad empieza a desarrollar una cierta autonomía y también su personalidad se va definiendo.

Empieza a querer con más fuerza e imposición lo que le gusta y lo que no; tiene capacidad de elección y empieza a elegir por encima y más allá de lo que nosotros como padre o madre opinemos. Es esa época de “lo quiero y recurro a lo que sea para conseguirlo”.

Recordemos que el cerebro del niño está en crecimiento y las partes que corresponden al razonamiento aún tardarán en acabar de desarrollarse muchos años más tarde (una vez pasada la adolescencia).

Sin embargo, su cerebro ya está preparado para recibir los límites e integrar ese aprendizaje vital de saber cómo comportarse para vivir en equilibro. Y será fundamental que empecemos a hacerlo en esta edad y continuemos poniendo esos límites en los años venideros.

¿Qué ocurre si en esa maduración de los primeros años nosotros no le ponemos freno a “lo quiero por encima de todo y lloro y grito para conseguirlo”? que el aprendizaje que hace el niño es: ”si monto un berrinche, consigo lo que quiero”. Y el aprendizaje profundo será que cumplir todos los deseos da la felicidad; pero la realidad de la vida indica que ese no es el camino para conseguir la felicidad. Esta más que demostrado que una vida que contenga felicidad, necesita del desarrollo de unos valores y capacidades o talentos, y esto va a necesitar de límites claros y sanos.

Así que, cuando le estás diciendo a tu hijo desde pequeño  “no te voy a dar más galletas ahora” o estás insistiendo en que se vaya a dormir y tomas todas la medidas necesarias para que eso sea así, tu hijo está aprendiendo lo que le conviene y lo que no. Y, por ejemplo, a la mañana siguiente, si no lo has logrado, cuando le señales el sueño que tiene por haberse dormido muy tarde, empezará a aprender la asociación de que los hechos tienen consecuencias; algo que será fundamental para relacionarse adecuadamente con otros niños e integrarse en todos los lugares a donde vaya.

Así que la próxima vez que tu hijo monte un berrinche, recuerda que es fundamental que le digas “no”, que pongas freno a su deseo o que tomes todas las medidas sensatas, respetuosas y firmes que consideres necesarias para pararlo.

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